10 de abril de 2026
Un emotivo acto abierto a la comunidad universitaria y teatral de Valparaíso marcó la presentación (26 de marzo), en la Sala de Arte Escénico de la Universidad de Playa Ancha, de Lugares de memoria en la dramaturgia de Valparaíso: escrituras de espacios, ciudad, territorios y representación, libro del académico de la Facultad de Arte y director de la Sala UPLA, Giulio Ferretto Salinas, que despliega una acabada investigación de 10 obras teatrales producidas en territorio porteño entre 2000 y 2015.
«Todo es Cancha» y «I Love Valpo» de la compañía Teatro La Peste; «Tsunami» de Jenny Pino; «Corral Ajeno» de la compañía La Malinche y «Dubois Santo Asesino» de la compañía La Turba, son solo algunas de las puestas en escena estudiadas por Giulio Ferretto con el objetivo de establecer la relación entre memoria, espacio urbano y dramaturgia, procurando constituir profundizaciones teóricas para el concepto de LUGAR como factor que incide en la construcción e interpretación del pasado en los textos dramáticos porteños.
El texto, publicado por RIL Editores y financiado por el Fondo de Fomento del Libro y la Lectura 2025, fue presentado y comentado por la Dra. María Lorena Saavedra González, académica de la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Fabiola Ruiz Fernández, dramaturga y académica de la carrera de Teatro de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha, esto bajo el rol de moderador asumido por el también dramaturgo y académico (Duoc UC y UPLA) Fernando Mena Rojas.
– ¿Cómo nace la idea de la investigación y cómo posteriormente se materializa en un libro?
Desde que entré a estudiar el programa de Magister de Dirección a la Escuela de Teatro en la Universidad de Chile (1996) me interesó el tema de la memoria y, por supuesto, su relación con el teatro. En esos años comencé a leer mucho sobre estudios de memoria relacionados con el Holocausto en Alemania, después me acerqué a la memoria en Latinoamérica ligada con las dictaduras. En ese momento, empecé a preguntarme cómo podría ser narrada la memoria en escena y, mucho tiempo después, cuando cursaba el Máster en Estudios Hispánicos Avanzados en la Universitat de Valencia, presenté el proyecto de los ‘Lugares de memoria en la dramaturgia de Valparaíso’ para cursar el doctorado en el mismo programa. Por esos días, la lectura del historiador francés Pierre Nora me hizo mucho sentido para levantar una investigación en este ámbito. Así comenzó esta investigación que terminó en este libro.
– ¿Cómo define en el libro el concepto de los lugares de memoria y cómo este dialoga con el desarrollado por Pierre Nora?
“Para Pierre Nora, los lugares de memoria son actos de anclar el recuerdo en sitios específicos bajo tres características esenciales: deben ser simbólicos, funcionales y ritualizados (es decir, celebrados de manera constante). En esencia, estos lugares existen porque surge la necesidad social de recordar.
En el primer capítulo de mi trabajo, planteo brevemente el debate teórico entre historia y memoria. Tradicionalmente, la historia se entiende como un relato mediado, mientras que la memoria suele expresarse directamente. En ese sentido, autoras como Beatriz Sarlo plantean que la visión académica de la historia debe dar paso a una perspectiva más testimonial y sentida; después de todo, la historia también puede terminar siendo una ficción por quienes la relatan. Por otra parte, Paul Ricoeur, en su obra ‘La memoria, la historia, el olvido’, sostiene que no todo comienza estrictamente en el archivo. Hoy en día, ese debate parece estar superándose. Se entiende que la historia debe ser encarnada y no solo mediada”.
– ¿Cómo llevó esto al campo de la dramaturgia?
Lo que plantea Nora es contar la historia de un país de modo más verdadero y sentido, lo que yo pretendo hacer es recoger esta idea de darle importancia a estas escrituras como objetos que contienen pasado encarnado, digamos estas narrativas y ficciones, repiensan y proponen implícitamente la historia de una ciudad como Valparaíso. Eso para mí es el valor que tiene este ejercicio. Seleccionar 10 textos escritos entre el 2000 y 2015 para ver, en algunos de esos textos, una ciudad contada desde la desterritorialización del símbolo acostumbrado, por ejemplo ‘La joya del Pacífico’, en el caso de la obra ‘I love Valpo’ de la compañía Teatro La Peste. Entonces yo recojo esos textos para decir, ¿sabes qué? los textos también son, como las cosas, encarnadores de historias, de verdades.
– ¿De qué manera las obras analizadas cuestionan o reconfiguran la narrativa histórica oficial de la ciudad?
“Bueno eso se podría ver en ‘Todo es Cancha’ de la compañía Teatro La Peste, donde se aborda la historia del barrio no solo desde una marginalidad social, sino también desde una marginalidad existencial. Los personajes ejercen un ejercicio de memoria a partir de un partido de baby-fútbol; sienten que existe una disputa entre su pasado y otra ciudad, específicamente Santiago. Es, en esencia, un juego de tensiones entre dos realidades urbanas distintas. Entre dos historias, entre dos formas de vida, esa es la disputa.
Algo similar sucede en la obra ‘I Love Valpo’, de la misma compañía, donde los personajes increpan al presente preguntándose: ¿Qué le han hecho a mi ciudad?, ¿Qué le han hecho al pasado y a este símbolo, a esta ‘Joya del Pacífico’? En ese sentido, entiendo estas dramaturgias como objetos históricos que funcionan como lugares irradiadores de un pasado que no ocupa una posición. Estas obras nos enfrentan a un presente neoliberal que, en la práctica, opera como una forma de olvidar la ciudad. Ahí es donde reside el juego entre el espacio, la memoria y la dramaturgia frente al olvido. En el fondo, el mensaje es un llamado a la resistencia (…) tal como se refleja también en la problemática que plantea la obra dramática ‘Mediagua’, pero en emergencia verdadera, no como se habla ahora del concepto de emergencia, usado con fines politiqueros, sino en la dirección de marginalidad catastrófica sin opción de pasado”.
– ¿Qué espacios de Valparaíso aparecen con mayor fuerza en estas obras, que se van configurando también como la identidad de la ciudad o qué permiten configurarla?
Primero, están los sitios que uno visita o revisita constantemente en el trabajo creativo: los cerros y los personajes típicos, como el chinchinero o figuras como Dubois (Émile). Existe toda una red de personajes y recorridos que van configurando esta escritura como se plantea en el libro, una escritura de espacios, ciudad, territorio y representación. En el fondo, así se va tejiendo el pasado, el presente y el futuro de una ciudad como la nuestra. Las obras se ‘tambalean’ entre el olvido, la ruina, la indiferencia y los mitos urbanos. Todo mencionado, a veces, de manera explícita, hay una mezcla que aparece a través de los tránsitos urbanos, menciones a calles, cerros y figuras emblemáticas monumentalizadas, entre otros.
– ¿Qué papel cree usted que cumple el teatro en esta construcción de la memoria de una comunidad o de un país?
Es una pregunta compleja porque tiene varias aristas. Por un lado, está la sensación de que al teatro ‘no le alcanza’ para visualizar plenamente un discurso o una visión total de la ciudad, del habitar y de su cartografía. En el caso de Valparaíso, se ha escrito y escenificado muchísimo; recuerdo obras como ‘Valparaíso no existe’ y tantas otras que ponen a la ciudad en el centro. Sin embargo, a veces el teatro no logra tocar las fibras reales de una ciudad que vive en una situación de ‘ruina’ constante. Hay un texto sobre la catástrofe, a propósito del trabajo de Jenny Pino y su obra, ‘Tsunami’, que me parece muy asertivo: plantea que la ciudad está en un estado de estrés catastrófico permanente, donde el pasado, el presente y el futuro aparecen como zona de promesas perpetuas. El ritmo de esa escritura es interesante por ese motivo. Por otro lado, pese a esa limitación, el teatro cumple una función fundamental: la función declarativa. Su valor reside en la capacidad de mostrar, de poner en escena y de nombrar aquello que ocurre, convirtiéndose en un testimonio necesario de esa tensión constante.
– ¿El teatro puede ayudar a rescatar historias olvidadas en los relatos oficiales? ¿Eso también sería un proceso de memoria?
Absolutamente. La contemporaneidad de estas teatralidades pasa precisamente por ahí. En la medida en que encontremos procedimientos escénicos que nos permitan rescatar esos relatos, el teatro cumplirá su objetivo de estar siempre en la ‘primera línea’, al igual que otras expresiones artísticas. Respecto a cómo la historia social y política de Valparaíso se refleja en la dramaturgia local, más que una transcripción política directa, lo que observo es una ficcionalización de ciudad. Se ficcionalizan las comunidades, lo que ocurre en sus hábitats y sus recorridos. Siento que la ciudad se moviliza en ese sentido.
Por ejemplo, suelo citar la novela ‘Valpore’, de Cristóbal Gaete. Es una obra que habla de forma apocalíptica de esta ciudad, pero te hace sentir que ese apocalipsis está ocurriendo ahora mismo. ‘Valpore’ no es una abstracción; está ahí, en un cerro, vinculada a la realidad del narco. Es una ciudad que vive en crisis permanente al lado de otra ciudad con memoria pendiente”.
– A propósito de la proyección de este libro, ¿de qué manera espera que influya en los estudios sobre el teatro chileno?
Modestamente, no tengo la expectativa de que sea un best seller de la investigación, pero sí espero que sea un aporte para comprender el teatro, la dramaturgia y la escritura desde otra línea. Me interesa que se entienda que las memorias tienen una posición física en el espacio público y en el espacio de la ficción. Es fundamental que las escuelas de teatro y las nuevas generaciones comprendan que el pasado no es algo etéreo: el pasado está en las cosas, en los objetos, en la realidad de las calles. Una vez que entendamos eso, podremos cambiar el curso de cómo se cuenta la historia de un lugar; una historia que, a mi juicio, debe estar amarrada inevitablemente a la memoria del territorio y sus habitantes.