por José Manuel López Marañón
7 de julio de 2025
El escritor que presentamos en TODO LITERATURA, Stamatis Polenakis (Atenas, 1970), es, además de poeta, dramaturgo, novelista y traductor. Ha estudiado Literatura Española en la Universidad Complutense de Madrid y actualmente colabora con el Festival Internacional de Atenas-Epidauro y con una editorial griega. Ha publicado siete libros de poesía: La mano del tiempo (2002); Los caballos celestes de Franz Marc (2006): Notre Dame (2008); Los escalones de Odessa (2012); La piedra gloriosa (2016); Las rosas de Mercedes (2016); y Birds in the night (2022). En 2008 Stamatis Polenakis se inicia como autor teatral y La lucha con el ángel, su primera novela, es editada en 2020. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés y, ahora, al español.
Los poemarios seleccionados por Virginia López Recio para Luz oscura. Antología poética han sido: Notre Dame, Los escalones de Odessa y La piedra gloriosa. Esta Licenciada en Filología Clásica y Doctora en Filología por la Universidad de Granada es asimismo responsable de la traducción, introducción y notas del libro que hoy reseñamos.
Un primer apartado propuesto para esta antología agruparía poemas en los que el vate ateniense presta su voz a autores de la cultura mundial y a personajes de ficción. Dándosela, refleja su universal cosmovisión tamizada por una lírica lúcida y sin concesiones.
En la colección de prosas poéticas que resulta ser Notre Dame Raskolnikov, protagonista de Crimen y castigo, tras asesinar a la usurera, comprueba cómo la misericordia no tiene cabida en este baile de muertos que es la humanidad [3]; Gustav von Aschenbach, el músico de La muerte en Venecia, tiene un último sueño: escuchar a una orquesta en la desierta ciudad solo acompañado por Tadzio [4]; para las tres hermanas de la obra de Chejov la breve juventud ya fue y el dramaturgo se indigna viendo cómo la muerte se acerca [6]; para Heráclito el paso a la otra orilla viene precedido por una agotada mirada hacia la eternidad y por la ceniza del fuego consumido [7]; Lázaro, tras su resurrección y sabiendo de dónde viene, se queda con el vértigo de su viaje de regreso [8]; Trotski aguarda el momento de su asesinato comparando Méjico con Rusia desde el desánimo que conlleva lo inevitable [9]; la poeta suicida Marina Tsvetaeva pide a Dios un último refugio para soportar tanta desdicha [10]; ya lejos de los vivos, Víctor Hugo ruega a su hija servirle de guía en el descenso al Hades [14]. Y en [16], tras exponer la temática de su arte, un pintor solicita a cada espectador que, desde su obra, encuentre el propio camino.
EL CREPÚSCULO DE GUSTAV VON ASCHENBACH [4]
Yo, Gustav von Aschenbach, último habitante de una ciudad que se hunde, desperté una noche con música suave tocada por una orquesta de muertos, soñé que caminaba por un inmenso desierto cegado por el sol de la belleza y de la muerte. El último barco silba mientras zarpa, nos quedamos nosotros dos, Tadzio; solos completamente, en un mundo de ciegos, tú y yo y las ruinas de Venecia bajo la lluvia.
En Los escalones de Odessa Pessoa descubre cómo fusionarse con la población no impide una muerte solitaria [17]; el encuentro en París de la asesina de Marat con un mendigo ejemplifica lo irreversible de la historia [18]; antes de fallecer Chejov pide a su mujer que le recuerde con canciones rusas y gaviotas [23]; un reo pide roguemos por él cuando ya esté lejos [29]. Y en [33] un filósofo que habla de escritores y pensadores se niega a hacerlo sobre batallas, por muy lejanas que estas sean.
NO SÉ QUÉ DEPARARÁ EL MAÑANA [17]
No sé qué deparará el mañana.
Yo, el poeta Fernando Pessoa
he soñado que soy todos los hombres
que existen, soy los ojos de mi madre
cubiertos de lágrimas, soy los miles de
muertos del seísmo de Lisboa y un perro
enfermo que merodea en los escombros […]
VIOLA D’AMORE [23]
Olga, si muero hoy, espero que mañana me olvides.
Que recuerdes, sin embargo, el barco de Odessa
a Tergisti una tarde de verano en una lejana vida,
la orquesta olvidada incluso por Dios que tocaba
canciones populares rusas en la cubierta; […]
Y en La piedra gloriosa Kierkegaard se lamenta de la fugacidad de la belleza, único alivio de la pesada existencia [37]; un exiliado siberiano, viejo y medio ciego, regresa a su casa a punto del derrumbe [43]; y, desde un radical pesimismo, Odiseo escribe cómo en el futuro en ruinas solo brillará el oro del anillo de Penélope [55].
MANUSCRITO DE ODISEO [55]
Poco a poco avanzo como el ciego
hacia la realización de la profecía;
un día el sol se hundirá para siempre,
iluminando su oscuridad
todas las orillas muertas.
Inmóviles se pudren los barcos de los feacios
en el mar inmóvil.
Este manuscrito tal vez se encuentre alguna vez
entre las ruinas
junto con el anillo de oro
que los pretendientes sustrajeron del dedo
de la muerta Penélope.
Otro apartado temático vendría constituido por poemas en los que Stamatis Polenakis –ya en primera persona (del singular o el plural)– nombra, o se dirige, a escritores; a individuos anónimos de inhumanos finales; a héroes de la mitología griega; e incluso, –y airadamente–, a la divinidad monoteísta o politeísta. Predomina un tono pesimista brotando de su amargura y de la impotencia para modificar, siquiera en algo, el transcurso cruel de la vida humana, pródiga en acontecimientos infelices –y de antemano condenada a esa oscuridad sin fisuras que acarrea la desaparición física.
En Notre Dame la indignidad humana perdura desde Edipo y se compara con las ramas de un árbol podrido [5]; el poeta increpa a Jesucristo por su ausencia en infiernos como son las guerras [11] y en [12] le pide que, por lo menos, acoja en su seno el alma de un joven soldado muerto en el campo de batalla; en [13], acatando resignado la divina voluntad, el poeta se conforma con descansar junto a esa multitud que ha conocido las fatigas de la vida. En [15] el poeta especula con un encuentro entre Dostoievski y Balzac en el que ambos gigantes hablarían de desgracias vitales y creativas.
DOSCIENTOS MIL MUERTOS PARA SEIS KILÓMETROS DE TIERRA [12]
Señor, si no de nuestros cuerpos, al menos apiádate de nuestras almas. Todo pasa, las estaciones se suceden sin parar una tras otra y ya nada se oye aquí, salvo la incomprensible música de las olas desde la otra orilla del tiempo. Por eso lloramos con lágrimas amargas, por eso erigimos estos tristes monumentos de palabras. Apiádate de nosotros, Señor, acoge a tu lado la pobre alma de Edwin George Whiteman, de 19 años, que regó con su sangre las fértiles vegas de Francia cerca de Le Sars el otoño de mil novecientos dieciséis.
El poemario Los escalones de Odessa abunda en desalmados azotes infringidos a seres humanos sin fortuna alguna. Al bajar del vagón el trasladado a un campo de concentración ve la barca de Caronte [21]; antes de su suicidio, el poeta Mayakovski se imagina de viejo protegido del frío con las hojas de un periódico [22]; el poeta dedica unos versos a una joven fallecida a los 20 años [24]; aun sabiendo que el santo está bien lejos del podrido mundo, un mendigo invoca al poverino de Asís [25]; un miembro del IRA muerto por inanición es recordado como alguien derritiéndose como una vela [26]; las fotos de una rumana descubiertas al azar confunden al poeta [27]; otro joven abatido en la batalla le origina una sentida elegía [28]; sobre un lago bajo cuyas aguas descansan ahogados el poeta lanza una piedra sabiendo que alguien hará lo mismo cuando él ya no esté [34]. Y en [30] y [31] trata de mostrar a Clitemnestra –la asesina de Agamenón– un camino diferente al del crimen, pero pronto percibe lo baldío del intento y el poeta toma decidido partido por Casandra, hija de Príamo y Hécuba, profetisa de gran relevancia en Troya.
FRAGMENTO DE UNA CARTA DE AMOR QUE JAMÁS FUE ENVIADA [21]
[…] Bajamos hasta la profundidad de la tierra;
apenas alcancé a ver la multitud de pie
callada, detrás de la oscura tela metálica.
Cerré los ojos y vi por última
vez el espejo frente al que nací.
El monte de olivos nevado.
La gran mítica barca
que viaja vacía sobre las olas.
DE ASIS [25]
Ya nada sirve, pobre Francisco,
ni la condolencia ni el amor es suficiente
para todos nosotros que vivimos aún en las orillas
de los ríos, que nos alimentamos para siempre
del pan contaminado de la Union Carbide.
Tu mundo es más lejano
incluso que las estrellas, pobre de Dios.
Nosotros aquí nos hundimos lentamente junto
con los niños y nuestras vacas podridas
en las oscuras aguas del Ganges.
En La piedra gloriosa, dirigiéndose a la novelista Irene Nemirovsky, ejecutada en Auschwitz, el poeta pone su grito en el cielo ante una existencia tan torturada [36]; en el aniversario del suicidio de su colega Mayakovski se imagina en su funeral esparciendo unas flores, premonitorias de las que acompañarán su propia ceremonia fúnebre [38]; alojados en la habitación donde Von Kleist se quitó la vida, convencido de perderla, el poeta sostiene angustiado el rostro de su amada [40]; reconociéndose hijo bastardo de la escultora Camille Claudel, el recuerdo de su madre le evita caer en las garras de la locura [41]; la muerte de una activista palestina hace que el poeta lamente que su ejemplo no se extienda [42]; sabiendo cómo la muerte le esperaba en un campo de concentración queda también sobrecogido por las cartas que Ottla Kafka escribió a su hermano [45]; Odiseo visita la helada ciudad de Teruel para abandonarla, en 1938, junto al derrotado ejército republicano [48], en [50] tras viajar a los Balcanes en guerra el héroe regresa a Ítaca y debe apedrear a su perro Argos, que lo ha reconocido, en [56] los supervivientes al cataclismo final ven a Penélope tejer una oscura sábana y descubren que Odiseo no está entre ellos. Y en [49], desde un gueto polaco, el poeta desciende al Hades, donde una mujer repite nombres numerados en una desasosegante contabilidad.
SALMO [36]
El baile, todo baile, querida Irene Nemirovsky
es sobre esta tierra un baile de muerte.
Algo sucedió aquí y es tan irreparable
que hace que todos nuestros hijos nazcan muertos
o con un número imborrable grabado sobre la piel. […]
ASILO [41]
[…] No quiero recordar nada más
salvo la última imagen de mi madre;
su cabello radiante que ondea suelto
en la eternidad mientras ella permanece inmóvil
en el patio nevado
entonando con dulzura entre sus brazos una nana
a un gato muerto.
EMBRIAGUEZ DE ODISEO [48]
[…] Avanzaba lentamente por las calles vacías
con los ojos medio cerrados hasta que me uní
a todos aquellos harapientos ejércitos vencidos
de los fantasmas. Cae nieve en Teruel.
Viento helado me envuelve bajando por las oscuras
montañas de Aragón. […]
Pero en Luz oscura no todo viene dispuesto desde la cerrada sombra de un destino del que resulta utópico huir. Sobre algunos poemas Stamatis Polenakis esparce, antes del fin, unos resquicios para la confianza –no muchos, cierto es– que logran mitigar, desde la aceptación y lo paradójico, la aniquilación final.
En Los escalones de Odessa, el dramaturgo ruso que va a ser asesinado por orden de Stalin imagina una muerte bella [19]; agarrarse a un clavo, aunque esté oxidado y sabiendo que tras la pared está la oscuridad, es la salida para un mundo que se apaga [20]; para su viaje en canoa contra la oscura corriente del tiempo, a modo de talismán, el poeta porta una refulgente foto de su madre [33]; y en [35] se despide de la inolvidable y efímera juventud con dolor, pero resignado a lo que depare el mañana. El espíritu de esta maravillosa composición nos remite al Hyperion de Hölderlin, donde se lee: «¡Lo salvaje de la lucha te destrozará, alma hermosa; envejecerás, espíritu feliz! Y cansado de la vida preguntarás al fin: ¿dónde estáis ahora, ideales de mi juventud?».
EL GRAN ENIGMA [35]
Despídete para siempre de esta
breve época de la juventud.
Adiós días inolvidables y noches gloriosas
y hojas que se lleva el viento.
Fuimos jóvenes, no teníamos esperanza alguna
y esperábamos el mañana con la ciega terquedad
del náufrago que arroja piedras al agua.
En esta línea de consuelo, y de prolongación del disfrute (por definición, breve), La piedra gloriosa atesora hasta seis poemas dedicados a rememorar la búsqueda amorosa. Así, el poeta cita los versos que le regaló una enferma, y cómo él le escribió este poema donde lamenta no poder encontrar su tumba [39]; el poeta revive una tarde pasada con su pareja en un parque londinense y la recoge aquí para que otras personas la disfruten [44]; convertido en un viajero náutico conoce a una irlandesa que le muestra fotografías de antepasados [47]; el poeta persigue las huellas de un amor marroquí [51]; a Valeria, que quiso en Roma, le compone una elegía a la que no son ajenos el viento, el mar y las sirenas [52]; Svieta es otra mujer amada con la que vio la barca de Odiseo en su regreso a Ítaca. Y en [54], quemado en un hospital tras un periplo por el desierto, el poeta recuerda a Miriam y, de nuevo, aparece la barca de Odiseo –convertida ya en brújula existencial para el poeta.
LUZ OSCURA DE ODISEO [52]
Valeria, mañana todo terminará;
el mundo empezará de nuevo desde el principio.
Mañana todo empezará de nuevo, pero yo
mantendré para siempre el recuerdo
de aquel encuentro nuestro en Roma.
La Plaza de España y la casa de Keats;
la lluvia que entraba por los cristales rotos
y los ojos cansados de Fanny Browne
marcados por las lágrimas.
Intenté componer una breve elegía
para un poeta que como Odiseo
murió joven en tierras extranjeras y su nombre
estaba escrito en el agua.
Il ritorno d’Ulisse in patria
cantaban el viento
y la sal del mar
y las almas de los marineros y las sirenas
ante los lamentables desperdicios de los barcos.
Luz oscura. Antología poética es la primera edición traducida al español de Stamatis Polenakis. Desde esta revista nos sentimos orgullosos de colaborar a su difusión en nuestro país porque las cincuenta y seis piezas que componen esta antología, como afirma Virginia López Recio «poseen un pulso lírico, narrativo, dialógico, político e histórico, ante todo, humanitario. Con elegías y sucesos sangrientos de la historia. Con héroes que han luchado por un ideal, dignificando este mundo, o que han sufrido injustamente. No falta la tradición griega, que se combina y se funde con el modernismo».
Platón habla del poder creativo del poeta comparándolo con el don del adivino o del intérprete de sueños: el creador es incapaz de crear hasta que no está inconsciente y no mira ya el entendimiento sino en su interior.
Cediendo su voz a genios de la cultura mundial, dirigiéndose a esa amplia masa de desfavorecidos y represaliados por la Historia, compartiendo viajes con Odiseo, o, incluso, enfadado con el Hijo del Hombre, Polenakis lima y afina, radicalizando el alma, su estro poético hasta dotarlo de una personalísima e incuestionable autenticidad que tiene –además– la virtud de saber hacerse llegar a lectores de todo el mundo. Los hispanohablantes tenemos la fortuna añadida de contar con la bella traducción de López Recio.
Por mi parte solo queda ya recomendar desde TODO LITERATURA este poemario que es Luz oscura. Antología poética. Duro pero asimismo de intenso y revelador disfrute, nos permite conocer a un poeta griego de primerísima fila. Esencial Stamatis Polenakis.